Junto a Bernard

Por Betty Escobar
@b3scobar

¿Se imaginan invitar a una persona a almorzar a su casa por 30 años seguidos, de lunes a viernes, y nunca aburrirse de ella? Eso nos pasó con Bernard Fougères. Los que tuvimos la dicha de crecer viéndolo en su programa disfrutamos siempre de su compañía, la música, sus entrevistas, los poemas, su filosofía de vida, su piano y sus consejos. Siento tristeza de que las nuevas generaciones ya no alcanzaron a conocerlo ni a él, ni a esa clase de televisión que ya no se ve en ningún canal local.

Jamás imaginé que luego de almorzar junto a Bernard durante toda mi vida estudiantil tendría el honor de trabajar junto a él como la productora de su programa y de su Especial de despedida. Bernard siempre fue el mismo delante y detrás de cámaras. Creo que esa fue la clave de su éxito por tanto tiempo. Lo que siempre me maravilló de Bernard fue el don que tenía de exteriorizar el niño que vivía dentro de él, mientras su ‘Bernard adulto’ no lo perdía de vista. Era la combinación perfecta de inocencia, locura y cordura.

Tenía una memoria privilegiada y una gran sensibilidad humana. Un segmento del programa muy cercano a su corazón era Un sueño hecho realidad, en él las personas enviaban cartas solicitando algo que necesitaban urgentemente. Padres pidiendo por sus hijos enfermos o viceversa. También había muchas familias pidiendo por una casita en donde vivir. El programa exponía los casos, hacía seguimiento de estos y trataba de solucionarlos. Con la ayuda de personas, fundaciones y hospitales solidarios se lograron milagros. Bernard locutaba el segmento y me impresionaba cuando grabábamos juntos. Él llegaba a la sala de edición, lo ponía al tanto del caso que saldría ese día en el programa y en segundos recordaba el caso. Eran tantos, pero él sabía de cuál le hablaba. Veía las imágenes y me decía: “Estoy listo, grábame”. Y en una sola pasada hacía un audio de dos a tres minutos sobre la actualización del caso, citaba un fragmento de un poema y al final una reflexión personal de él. Sus locuciones eran siempre muy emotivas y elocuentes. Ese era Bernard. Gracias a él y al programa, Sueño pudo ayudar a muchísima gente.

Cuando empezamos a trabajar en su Especial de despedida, sentí que él se merecía mucho más. Sentí que el homenaje que le hacíamos era pequeño ante la inmensidad en la que Bernard se había convertido con el paso de los años. Tal vez un buen homenaje hoy sería retransmitir sus programas por los canales que lo acogieron durante tantos años, para que quienes lo conocimos lo sigamos recordando y para quienes no lo conocieron tengan la oportunidad de hacerlo.

Aquel diciembre de 1997, luego de grabar el programa de despedida, el estudio estaba lleno de invitados. Alcancé a ver a Bernard que avanzaba entre la gente. Le pregunté: “Bernard, ¿buscaba algo?”, y me contestó: “Sí, a ti”. Me reí, luego se acercó a darme un beso, un peluche y una botella de vino. Finalmente, dijo: “Me voy, pero muchas gracias por este especial. Bello… anda a tu casa, descansa”.

¡Gracias por todo, querido Bernard! Ahora descanse usted junto a su amada Evelina.

* Este artículo fue publicado, el 10 de mayo del 2018, en el diario El Universo